Por 1 Comentarios

 

El Origen

Historias del chocolate el origenEl reloj de la iglesia marcaba las dos y diez de la madrugada. De nuevo, los termómetros de Granada caían por debajo de los cero grados y Antonio, sentado en su lado de la cama, miraba la pared, absorto en sus pensamientos. Sobre sus hombros, aquella manta de lana que María, su mujer, había tejido para su sesenta cumpleaños y que se había convertido en su fiel compañera en esas noches en las que Morfeo, ocupado en otros menesteres, olvidaba pasar a darle las buenas noches.

María se levantó y sin mediar palabra se dirigió a la cocina. No habían pasado ni cinco minutos cuando irrumpió en el dormitorio con una taza de chocolate, bien caliente, que desprendía un delicioso aroma de otras tierras, de otros tiempos.

A Antonio le gustaba remover el chocolate con una cucharilla antes de cada sorbo para que la dulce esencia volviera a inundar todos los rincones de la estancia con una especie de niebla, invisible y sosegada, que ralentizaba el tiempo en su irremediable carrera a ninguna parte.

Cuando terminó, dejó la taza sobre la mesita de noche, acarició el pelo de María y se arropó junto a ella. Aquella noche durmió como un niño pequeño en brazos de su madre.

La mañana siguiente se presentaba fresca pero soleada. Antonio comenzó a desperezarse. Hacía ya un rato que María andaba hurgando en el armario, ordenando y preparando la ropa que su marido se pondría esa mañana. Ambos se miraron tiernamente y no hizo falta ni una sola palabra. María se dirigió a la cocina.

Cuando María regresó con la taza de chocolate entre sus arrugadas pero firmes manos, Antonio se incorporo, se puso de nuevo sobre los hombros su preciada manta de lana y le dijo:

– Cariño, ya se lo quiero hacer el resto de mi vida. Día tras día, haré lo imposible para que nadie en el mundo se quede sin sentir las mismas sensaciones, las mismas alegrías que este manjar produce sobre mi alma. Trabajaré duro, pero la recompensa será incalculable y mi esfuerzo, mi mejor legado.

 

María se sentó a su lado mientras Antonio saboreaba su preciado desayuno. Le gustaba oler los planes de futuro de su octogenario pero emprendedor marido.

 

Javier Linares Serrano
Fotógrafo

Vuestra Opinión

María José
21/11/2017 at 21:42 l Reply

Mira q escribes bien!!!!!. Ya me está apeteciendo!

Deja una respuesta